Resonancias: Re-habitar desde el proceso creativo

La segunda versión del programa de residencias Resonancias, gestionado por el Goethe-Institut Chile (GI) y el Instituto Francés de Chile (IFC), tiene por objetivo fomentar, desde la ejecución de prácticas artísticas variadas, las relaciones entre Chile, Alemania y Francia, al interior del país. A través de metodologías experimentales, el foco de Resonancias es potenciar investigaciones artísticas sustentadas en la praxis y en la teoría que contengan y visibilicen problemáticas actuales propias del territorio. Además, busca la interacción transdisciplinar en las áreas de las artes visuales, escénicas, sonoras, cine, ciencia y medioambiente. Todo esto gracias a la subvención del Fondo Cultural Franco-Alemán, la colaboración del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile (MINCAP) y otros agentes culturales.

Resonancias es un programa que establece nexos entre mecanismos culturales disímiles. Con esto se producen interacciones comunitarias donde se destaca la importancia del trabajo colectivo, sumado a procesos creativos que se establecen como fuerzas movilizadoras al interior de estos espacios físicos-temporales. En ellos no solo se busca concretar un producto determinado, sino que durante los caminos experimentales surgen, de modo natural, interrogantes que actúan como factores de una ecuación capaces de otorgar nuevos futuros a las prácticas artísticas. 

Una de estas residencias es acogida por el Festival de Fotografía de Valparaíso (FIFV), realizado desde el año 2010 y que en esta versión plantea el concepto de nuevo habitar como un cuestionamiento que deriva de los cambios sociales que experimenta el país desde el estallido social de 2019 y el cambio en las condiciones de vida generadas por la actual pandemia. El lugar físico seleccionado para esta ocasión es la Casa Espacio Buenos Aires 824 de Valparaíso que, durante octubre e inicios de noviembre de este año, recibió a tres artistas en una residencia experimental mediada por la fotografía y, en especial, en torno al cómo re-habitar nuestra capacidad de soñar y nuestros territorios comunes. 

Cada artista fue capaz de resonar, desde su propia experiencia, con otras corporalidades y culturas, energías, tradición oral, objetos privados y públicos y, en especial, con la cuestión del tiempo, en una ciudad que una vez al año instala a la fotografía como un elemento comunicador desde la contingencia.

Javiera Véliz, detalles de su obra visual y sonora, creada en el programa de residencias Resonancias durante el FIFV, 2021. © Javiera Véliz.

Javiera Véliz, nacida en el año 1986 en Copiapó, Región de Atacama, estudió artes visuales y cine en Santiago de Chile. En el año 2011 fundó la productora Pocilga junto a Bárbara Pestan; un par de años más tarde realizó cursos de especialización en la EICTV de Cuba y luego un máster en dirección de fotografía en ESCAC, España. Desde ese periodo a la fecha, ha realizado distintos trabajos como productora y directora de fotografía. Su interés por los vínculos entre lo humano y el entorno físico, en especial por su relación personal con el elemento agua, la motivó a presentar una propuesta que tiene como protagonista al Océano Pacífico en esta parte del continente. Incluso, tal es el interés, que su proyecto se sustenta en la pregunta por la categoría de omnisciente de este vital componente planetario. 

Su experiencia en esta residencia se inicia bajo el impulso de pertenecer a un lugar público de Valparaíso, la Caleta El Membrillo, sector que además de ser un terminal pesquero se destaca por ser un punto turístico en la ciudad. En este sitio la artista se propone, en primer lugar, establecer relaciones con quienes trabajan a diario en la caleta, para luego registrar mediante video y sonido situaciones, objetos, gestos y acciones propias de lo cotidiano. Este nuevo habitar desde el sentirse una más con la comunidad pesquera la lleva a crear un cúmulo de imágenes en movimiento y sonidos ambientales que se articulan como símbolos de las relaciones entre lo acuático y la supervivencia terrestre. 

Durante la edición del material, Javiera no solo conecta las imágenes a través de superposiciones, sino que por medio del sonido es capaz de otorgar un cuerpo al registro visual. En este punto, el protagonismo del sonido proporciona armonía en algunos momentos, en otros actúa como un complemento que contrasta con lo visual. Llama la atención la ausencia del agua como un posible registro literal de su obra en proceso. Sin embargo, su presencia está dada por las acciones humanas que se dan en el lugar seleccionado. Son las redes, peces capturados, aves y sonidos urbanos los elementos que nos permiten inferir cómo es la interacción que la artista busca expresar desde su propio habitar.

Movilizada por la urgencia de producir trabajos colaborativos, capaces de cuestionar la supuesta objetividad que se le otorga a lo visual hoy en día, Laura Fiorio llega a esta residencia con la intención de plantear reflexiones a partir del nuevo habitar y los términos de utopía y no-lugar. Nacida en el año 1985 en Verona, Italia, llevó a cabo estudios de artes visuales y escénicas en Venecia, además de desarrollar durante varios años labores en el campo de la educación. Sus proyectos artísticos, principalmente abordados desde la fotografía, rescatan aquellos lugares que carecen de importancia dada su transitoriedad e intercambiabilidad. Desde otra visión, algunos de sus proyectos presentan aquello que la artista considera como lo ideal; en este caso, abordado en las variadas dimensiones temporales de las que tenemos conciencia. 

Laura Fiorio, fotografía de altar construido al interior de un hogar en Valparaíso. Obra creada en el programa de residencias Resonancias, durante el FIFV, 2021. © Laura Fiorio.

Replicando una práctica que ha realizado en los últimos años y aprendida durante su estadía en México, Laura ingresa a hogares de Valparaíso para construir, de modo transitorio, altares con objetos personales de quienes habitan o habitaron en ellos. Su proceso comienza desde el vínculo de confianza que establece con quienes residen en las casas que ella selecciona previamente. Esto la lleva a tener contacto con lo íntimo a través de la manipulación de objetos privados, los que son posicionados en rincones o espacios abiertos del mismo hogar y luego fotografiados. La descontextualización, sumada a la acumulación de estas piezas ordenadas según las lógicas propuestas por la misma artista, la conduce a crear altares poseedores tanto de estratos de existencias, como de simbolismos que incluyen, entre otros aspectos, al materialismo, ausencias, presencias, lo cotidiano, la apropiación y la propiedad privada.

Se podría decir que la obra de Laura, a pesar de poseer múltiples caras, con múltiples interpretaciones y significados, se presenta como una obra directa y sin rodeos. En ella, la poética del rincón es construida por la acumulación ordenada y experimental de los objetos cuidadosamente seleccionados. Su re-habitar se sitúa en lo privado luego de interactuar con las dueñas y dueños de estas piezas; incluso, sabiendo que algunas de ellas pertenecieron a personas fallecidas. Dado lo anterior, la artista crea ambientes con una iconografía cargada del binomio ausencias-presencias, en donde es inevitable pensar que, durante la construcción de estos espacios alegóricos, la celebración también forma parte de su práctica artística. Una práctica sincrética y armonizada por el conjunto de representaciones multiculturales, en donde su propio imaginario se conecta con las creencias de diversos lugares del planeta.

El artista francés Bruno Roy, nacido en el año 1965 en París, cursó estudios de arte y diseño en dicha ciudad antes de vivir algunos años en Latinoamérica, lugar donde desarrolló diversos proyectos en fotografía. Su ejercicio fotográfico está principalmente mediado por el viaje y la investigación visual en torno a la corporalidad masculina. Según el propio artista, el encuentro de su cuerpo con otros lo devuelve a sus raíces. Desde esta posición, Bruno establece un proceso creativo que no tiene por objetivo la búsqueda de la luz, ni lugares específicos. Al parecer sólo tiene la certeza de su participación en la creación de fotografías tanto detrás de la cámara, como frente a ella. 

Bruno Roy, fotografía creada en el programa de residencias Resonancias, durante el FIFV, 2021. © Bruno Roy.

Dicho esto, su propio re-habitar tiene un objetivo claro: la búsqueda de cuerpos masculinos que deseen posar junto a él. Durante estas experimentaciones, el artista produce retratos utilizando la técnica de exposición múltiple. El resultado es la creación de cuerpos simbióticos, saturados de una atmósfera íntima que derivan de un vínculo, previamente establecido entre quienes acceden a formar parte de la obra. Las fusiones corporales creadas por Bruno presentan reflejos, transparencias, abstracciones, figuraciones, ficciones y repeticiones que nos permiten reflexionar acerca de nuestro origen biológico. Incluso, hasta el punto de querer indagar en los árboles genealógicos que nos conectan como especie. 

El encuentro del yo con la otredad ya no está solo mediado por la técnica o metodología de trabajo que utiliza el artista, sino por el impulso de conocer y reconocerse con en ese otro. Dado esto, en la creación de corporalidades híbridas se hacen visibles otros aspectos, como la pérdida de control en el abordaje de lo masculino y los simbolismos vinculados a lo orgánico del movimiento social chileno, según cuenta el mismo autor.

Bruno Roy, fotografía creada en el programa de residencias Resonancias, durante el FIFV, 2021. © Bruno Roy.

Sería útil considerar que el encuentro de tres artistas, enmarcado en el Festival de Fotografía de Valparaíso, es fiel a lo sostenido por Philippe Dubois respecto a lo fotográfico*. El autor presenta esto como una verdadera categoría epistémica en la cual están presentes y vinculadas al ejercicio fotográfico, los signos, el tiempo, espacio, realidad, sujetos, el ser y el hacer. Por lo tanto, lo fotográfico en este contexto podría incluir tanto al conjunto de prácticas fotográficas como a los discursos acerca de estas, a las oposiciones entre lo analógico y lo digital, a los desplazamientos de la fotografía en el campo de las artes visuales y a las teorizaciones que se gestan a partir de los intereses que cada artista planteó durante la residencia. Esto genera un entramado que podría incluir al re-habitar como una nueva categoría epistémica, dadas las conformaciones en torno a las relaciones entre seres humanos. De igual modo, se podría sumar a esto los conocimientos previos que cada artista posee, las correspondencias con la realidad ya mencionadas, las validaciones de las obras creadas entre pares y agentes externos, y, finalmente, las diversas metodologías aplicadas.

Resonancias al interior del FIFV otorgó tiempo, espacios físicos y recursos que hicieron posible la experimentación individual y colectiva por medio de acciones contenedoras de imaginarios multiculturales. En este caso, prácticas que no solo se enfocan en la finalización de un proyecto artístico, sino que concentran su atención en el proceso creativo. Lo transdisciplinar, en este caso, potencia las relaciones comunitarias basadas en el reconocimiento armónico de la diversidad. De aquí la importancia de lo procesual y de las interrogantes que se gestan en ello. Tal vez la concreción de una obra artística se acerque más a lo estático, acotando el camino creativo y dejándonos con una sensación de comodidad. En cambio, el proceso funciona como un mecanismo generador de preguntas, que a su vez abren nuevos caminos para servir de herramientas durante la supervivencia experimental artística.

La articulación de diversos imaginarios mediados por un aparato técnico productor de fotografías o imágenes en movimiento hace de este encuentro un intercambio inclusivo y horizontal. Aquí las variantes temporales se hacen presentes en cada uno de los proyectos creados, donde se vislumbran obras con raíces claras en la conceptualización del pasado, pero también predispuestas a una serie de transformaciones futuras, antes de su exhibición en el FIFV 2022. 

* Concepto propuesto por Philippe Dubois en su texto, El acto fotográfico.

Referencias bibliográficas

Dubois, Philippe. El acto fotográfico. Trad. Víctor Goldstein. Buenos Aires: La marca, 2008. Impreso digitalizado.

Reseña de autor

Emilio Fuentes Traverso (Santiago, Chile, 1983) es Licenciado en educación en biología (UMCE), Diplomado en fotografía digital: estética y técnicas (PUC) y Magíster en estudios de la imagen de la Universidad Alberto Hurtado. Ha compatibilizado su profesión con diversas actividades ligadas a la fotografía y artes visuales. Desde el año 2008 ha participado en exposiciones colectivas e individuales, talleres, ferias y concursos de arte, proyecciones fotográficas y visionados de portafolios en Chile, España, Brasil, Eslovenia, Argentina y México. Actualmente, cursa un taller de producción y análisis de obra dictado por los artistas visuales Rodrigo Zamora y Raimundo Edwards.

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