LÍNEAS DE VUELO: VOCES PRISIONERAS A LA CALLE

Una conversación con Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi y Myr Chávez

Por Isabella Galaz Ulloa
Foto © Jimena Royo-Letelier

“Estás dentro de una intervención, la cual viaja desde la cárcel de mujeres de Valparaíso. Si quieres participar, te invitamos a seguir los siguientes pasos: 1) Abre las ventanas para que otras personas puedan escucharlas; 2) Sube el volumen tan fuerte como puedas; 3) Deja que las voces inunden el espacio y se liberen a través de tu ventana.”

Así comienza la invitación que Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi y la colectiva Pájarx entre púas hacen a todas las personas dispuestas a convertir sus casas en amplificadores de las voces de mujeres y disidencias encarceladas en el Complejo Penitenciario Femenino (CPF) de Valparaíso, Chile. Las piezas sonoras que contienen este llamado abierto son parte de los resultados de una residencia que Royo-Letelier (chilena-española, vive en París) y Al-Qaisi (rumana, vive en Halle, Alemania) realizaron durante marzo en B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro, bajo el alero del programa de residencias artísticas Resonancias, organizado por el Goethe-Institut Chile y el Instituto Francés de Chile.

¿Cómo propiciar el encuentro entre la calle -afuera- y los cuerpos que permanecen prisioneros -adentro-? La organización Pájarx entre púas lleva varios años en la búsqueda de acortar esta distancia, construyendo puentes a través del arte. Activan en la región de Valparaíso desde el 2016 y son parte de la Red Nacional de organizaciones que trabajan en cárceles y de la Red Feminista Anticarcelaria de América Latina. “Nuestro primer acercamiento a la cárcel fue a través del cuerpo, de las artes escénicas, específicamente, metodologías somáticas, desde la danza, y de a poco eso se ha ido ampliando, queriendo indagar en las distintas disciplinas del arte y experimentar con las compañeras diversas formas de expresión”, cuenta Myr Chávez, integrante de les Pájares.

En esas exploraciones estaba la colectiva cuando un puente se extiende entre Myr y Jimena. “Al conocer a Myr y el trabajo de Pájarx entre púas dije ‘oh, qué potente, yo quiero trabajar con ellas’, para que hiciéramos algo con arte sonoro y con el sonido en general”, expresa Royo-Letelier. “Primero, postulamos al programa de residencias de B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro y quedó en lista de espera, y justo después salió Resonancias. Ahí Jasmina se incorporó al proyecto y redefinimos todo.”

Líneas de Vuelo es el nombre de un trabajo donde la escucha es la herramienta y la acción que permite que todo lo otro suceda. ¿Qué cosas? En un comienzo, que las experiencias de mujeres y disidencias en prisión se conozcan, con su palabra liberada en distintos espacios, acercando la realidad carcelaria al territorio del afuera. Ya después y una vez dispuesta la escucha, quizá podamos aventurarnos y empezar a preguntarnos por los cautiverios históricos y modernos, el encierro como castigo y la ausencia de ciertas corporalidades en el cotidiano.

Isabella Galaz Ulloa: El programa Resonancias busca que les artistas realicen procesos investigativos y artísticos centrados en problemáticas socio-políticas locales, lo que abarca muchos contextos y actores ¿Qué es lo que las lleva a decidir trabajar con mujeres y disidencias en situación carcelaria?

Foto © Jimena Royo-Letelier

Jimena Royo-Letelier: Desde el sonido se pueden tratar temas que -y lo voy a decir desde Francia, porque el contexto es súper distinto a Chile- la gente no quiere escuchar. Personalmente, me interesa trabajar con mujeres y disidencias en el espacio carcelario porque allí se da un cruce de todas las discriminaciones e injusticias, una intersección de desigualdades. Pensé que podíamos hacer un trabajo con el sonido que fuera benéfico para las mujeres en la cárcel y que visibilizara y sensibilizara a las personas sobre una realidad que nadie quiere ver, porque resulta muy incómodo.

Jasmina Al-Qaisi: Me interesa usar las artes para crear nuevas conexiones entre espacios. No soy directamente una activista, y tampoco era directamente una artista, hasta que me di cuenta que mi deseo de transformar cosas que no me gustan en el mundo solo encajaba en las artes. Era el único espacio donde tenía esa posibilidad de cambio. Creo que esa es la mejor forma de explicar por qué estamos tan conectadas o por qué funcionó tan bien, porque las tres creamos nuestro propio refugio de resistencia dentro de las artes, de diferentes maneras.

Isabella: ¿Cómo se da el encuentro entre ustedes en términos de posicionamientos políticos y artísticos para desarrollar Líneas de Vuelo?

Jasmina: Creo que fue un poco más allá de eso, hubo otro nivel aparte de tener un lenguaje común. Cuando entré al grupo, les conté sobre mi nueva pasión de observar aves y mi sensación de que eran tantas las coincidencias relacionadas con las aves y mi interés por ellas que daba mucho miedo, y las Pájarx reaccionaron muy abiertas a eso. Entonces, hubo un puente que nos unió, porque política y artísticamente no nos cuestionamos entre nosotras. Creo que fue muy claro que teníamos cosas en común (…) y en cierto punto nos dimos cuenta que nos volvimos integrantes temporales del grupo, fuimos pájaras también.

Jimena: Fue un asunto de confianza, ir construyendo de a poco, en la confianza y en la escucha de la otra (…) Lo pongo en perspectiva con otras residencias que he hecho, donde he pasado un mes o tres semanas en un espacio, pensando de una manera súper abstracta, pero en este caso llegamos directamente a hacer algo para la marcha, y había que hacerlo ahora, no nos íbamos a quedar conversando 20 días. A lo que quiero ir es que fue una manera de crear que está mucho más cercana a la vida real y hubo una fluidez súper grande en el trabajo que hicimos.

Myr: Todo se dio de forma muy fácil, una fluidez muy natural, porque había mucha disposición para el trabajo, gran compromiso, responsabilidad y mucha generosidad. Como Pájarx entre púas nos preocupa muchísimo el cuidado de la grupa y de los espacios. Ir a la cárcel no es turismo social. Siempre nos llegan muchas propuestas de gente diversa que quiere ir a la cárcel y con el tiempo hemos ido aprendiendo y tomando decisiones para marcar ciertos límites. Hay que tener ese cuidado en el espacio carcelario y nos cuidamos harto del tema del extractivismo. Pensamos que siempre tiene que haber reciprocidad, no se trata solo de ir y aprender de ellas y sus historias de vida, sino que también qué es lo que una va a entregar (…) Es importante que quede esta vinculación. En este caso, además de la experiencia y aprendizaje sobre arte sonoro, y todas las voces grabadas con unos testimonios súper importantes, quedaron vínculos, alianzas y también plataformas para seguir investigando, compartiendo y liberarnos. Nos gusta pensar y decir: juntas más libres.

Isabella: El 8M es la primera vez que llevan las voces de las presas a la calle. ¿Cómo describirían la acción sonora que desarrollaron ese día junto a todas las mujeres y disidencias que se juntaron en Valparaíso para manifestarse?

Foto © Pajarx Entre Púas

Jimena: Fueron varias acciones sonoras, salieron un montón de cosas ese día, al mismo tiempo y una después de la otra. Fue fuerte en muchos sentidos. En un momento íbamos por el medio de Pedro Montt y esa fue la primera vez que pusimos las voces de las chiquillas, y todo el mundo se quedó así como… (en silencio). Por un lado, porque era un contenido sonoro que una no escucha en una marcha y, después, cuando la gente se dio cuenta de lo que estaba escuchando, se sobrecogió un poco y para mí fue fuerte. Fue súper reivindicativo, como es el 8M: estas son mis calles, estamos en nuestro derecho de ocupar el espacio sonoro, de poner las voces de las chiquillas afuera.

Jasmina: Fue un momento que cambió mi vida y no estoy exagerando, porque fue la primera vez que me uní a una marcha así (…) La mitad de la acción radial consistió en traducir de forma sonora amigable la acción que Pájarx entre púas estaba haciendo frente a la Corte de Apelaciones. Podías escuchar los mensajes que cargaban en las pecheras que decían IMPUTADA [1], los sonidos de las chicas privadas de libertad (…), les preguntamos a las mujeres en la calle cuál era el mensaje que les querían transmitir a las personas que no podían estar en la marcha. Creo que fue un espacio de experimentación (…) Llevaba conmigo un pequeño parlante con las voces de las chicas y de las aves juntas, y a veces interfería la transmisión radial con ellas. Fue interesante usar las voces de las aves, porque, generalmente, en los medios no escuchamos las voces de los animales, especialmente en radio. Fue una especie de metáfora: las voces de las chicas tampoco son algo que escuches, porque no son parte de tu realidad, del imaginario de la sociedad.

Myr: Fue súper intenso… creo que todavía hay repercusiones, además que nos falta una última acción para que esté completa la intervención, porque nuestro trabajo metodológicamente consiste en sacar a las compañeras, de alguna forma, a la calle, ya sea a través de sus siluetas [2] o sus creaciones, que en la calle pasen cosas y llevarles de vuelta los mensajes. Eso es lo que nos falta, porque no nos han dejado entrar. Pero lo que pasó con las voces de las compas en la calle lo sentimos súper potente. Cuando estamos en las marchas siempre decimos ‘no estamos todas, faltan las presas’, pero fue distinto gritar ‘libre expresión, no queremos más prisión’, que fue el grito que ellas hicieron, y nos sentimos con mucha fuerza, porque es como hacer algo que no se puede hacer. Ellas no pueden marchar porque están encerradas, pero también porque han estado siempre muy excluidas, y es bonito empezar a hacer estos cruces: ya no somos nosotras marchando por ellas, sino que con ellas.

Jasmina: Nuestro trabajo no fue solo poner sus voces en las calles, sino que también grabar las acciones, por lo que tenemos muchos registros de reacciones de gente que escuchó las voces de las chicas y les respondió directamente. En el futuro, Myr podrá entrar con las grabaciones y mostrárselas, porque es importante crear una situación comunicativa real, donde haya respuesta, intercambio, y que cuando las chicas escuchen eso entiendan una cosa fundamental: la gente está interesada en lo que ellas tienen para contar.

Isabella: Parte importante del trabajo consistía en una metodología basada en talleres, sin embargo, el 11 de marzo, Valparaíso vuelve a fase 1, a cuarentena total. ¿Qué cambios supuso la situación sanitaria para su proceso investigativo y creativo?

Myr: Cuando nos dieron los permisos para entrar a la cárcel, tuvimos que adaptar rápidamente la planificación. Fue un poco la intuición de que era aquí y ahora. Nos dejaron entrar la primera vez y tratamos de hacer lo más importante de todo lo planeado, y al segundo día, lo mismo, siempre buscando lo más fundamental de toda la propuesta. Y fue súper acertado, porque la cárcel en sí siempre es muy incierta, porque puede haber un allanamiento, se cortó la luz, hubo una fuga… Entonces, una siempre va dispuesta a que pase cualquier cosa, y hemos ido aprendiendo de eso. Así que cuando tuvimos la oportunidad de entrar fue para hacer todo lo que pudimos.

Jimena: Siempre supimos que iba a ser súper experimental, en el sentido de que sabíamos que en función de lo que pasara veríamos qué hacer y cómo repensar el trabajo. En ese sentido, todo fue pensado completamente abierto a cambios. El 8M supimos que Valparaíso pasaba a fase 1 y que no íbamos a poder ir más a la cárcel, ni tampoco salir, lo cual implicaba que no podíamos hacer nada en la calle. Y antes de que Valparaíso se fuera a cuarentena hicimos la proyección en la calle, cortamos subida Cumming y grabamos nuevos mensajes para las chiquillas. Siempre arreglándoselas, ver qué lugar está en fase 2 o 3, y así  fuimos al parque natural en Concón e hicimos otra experimentación.

Isabella: ¿Las visitas al parque natural y a las playas fueron parte de los cambios que tuvieron que hacer?

Jimena: Yo quería ir a un espacio natural. Entre todas las cosas que pensaba como posibilidad, estaba liberar las voces de las chicas en la montaña, en parques.

Jasmina: Desde el principio fue una manera interesante de hablar sobre lo que podíamos hacer en otros espacios distintos a los que normalmente son considerados públicos, como la radio o lugares donde las personas están solo de visita (…) Vivimos un momento muy loco en el parque natural en Concón. Escuchamos a las chicas y a las aves al mismo tiempo dentro del parque, fue muy intenso y tan lleno de amor, pero también tan lleno de… Es imposible describirlo, pero atravesamos muchas emociones sin hablar entre nosotras. Creo que intencionalmente creamos otra forma de comunicación, y una forma de experimentación que no tenía ningún resultado, ningún propósito, fue como un movimiento necesario.

Jimena: Lo primero que pasó fue que nos sentimos raras y fue como ¿por qué estamos haciendo esto? Había un contraste súper fuerte al escuchar las voces de las chiquillas en la cárcel en un lugar que era como la esencia de la libertad: naturaleza, pájaros… Esta disociación de ver algo muy bonito o agradable y, al mismo tiempo, escuchar las voces de estas mujeres que están en completa contradicción al lugar donde estás. Y yo me fui con esa pregunta: cómo el hecho de estar en un lugar particular afecta la percepción de lo que escuchas.

Myr: Cuando fuimos al humedal sentí mucha libertad, después de tanto encierro acá. Cuando pusimos las voces de las cabras con ese contraste, se supone que era para liberarlas, pero al final las sentí más prisioneras que nunca, cosa que me dio muchísima tristeza, me sentí súper torpe, en un momento me sentí estúpida. Pero a medida que fuimos caminando, las empecé a imaginar a ellas ahí, saliendo de la cana. Siempre imagino que un día vamos a ir a buscar a las cabras que son más nuestras amigas y que las vamos a llevar a distintos lugares. Imaginé llevándolas para allá, darse una pausa, porque la cárcel es caleta de ruido, toda esta mierda te da caleta de ruido mental, esta dictadura de mierda, que ya es demasiado. Y estar ahí fue estar en calma, fue como un susurro, como que alguien nos dijera algo al oído.

Isabella: Con Líneas de Vuelo facilitan que las presas puedan “estar expresadas” [3], es decir, que utilicen sus propias voces para contar sus experiencias en el espacio público, rompiendo con silencios históricos. ¿Qué reflexiones hacen sobre las posibilidades del arte sonoro en procesos terapéuticos de recuperación y reafirmación de la identidad y la voz propia?

Jasmina: No creo necesariamente en este sentido terapéutico. Todos tienen una voz que ya existe, y una acción como esta solo puede amplificarla para que otras personas la escuchen. Creo que el arte sonoro es solo una excusa para tener otra perspectiva de las cosas. Un ejemplo fue que decidimos proponerles a las chicas que se describieran con adjetivos relacionados a la comida, y eso fue fantástico. Creo que cualquiera sale de ese tipo de experiencia con mucha risa y humor (…) No sé si eso es terapéutico, no lo creo, creo que todos deberían tener acceso al humor y a ese tipo de momentos (…) Sabemos lo que estamos haciendo, pero no sabemos lo que eso provoca. Cuando escuchas los cantos de las mujeres privadas de libertad en la ciudad es algo sorpresivo, porque es real, pero creo que nadie puede saber lo que eso provoca, para cualquiera de las partes.

Foto © Pamela Barria

Jimena: Para mí el sonido es una herramienta de bienestar muy importante. Creo que hay algo claramente político en el hecho  de utilizar el sonido trabajando con mujeres en contextos donde no se les motiva a apreciar su propia subjetividad, su experiencia, a valorar toda nuestra historia. Y el sonido te obliga, desde la voz, desde la escucha, a conectarte contigo misma de una manera que una no siempre está acostumbrada. Aprender a escucharse a sí misma y a valorar los relatos de vida y la voz que una tiene (…) No sé si es terapéutico, pero yo creo que puede tener algo de benéfico.

Myr: El arte sonoro es una herramienta más para abrir nuevas posibilidades. Crear y expresarnos contribuye al desarrollo de nuestra autoimagen, de nuestro aprendizaje. “Nos hacen notar, que nos veamos”, dicen las compañeras por algunos proyectos donde las grabamos bailando. Y ahora sus voces viajan por las calles y el mundo, rompiendo la exclusión y la falta de amor. El arte sonoro como resistencia amorosa que irrumpe para incomodar o conmover.

Isabella: Para la intervención final decidieron utilizar las casas de las personas como cajas de resonancia de los relatos provenientes de la cárcel, llevando estas experiencias al espacio de lo doméstico. ¿Cómo pusieron en marcha la intervención y qué connotación le dieron?

Jimena: Fue una forma de integrar más personas al trabajo, que la acción saliera de nosotras, darle visibilidad y apoyarse en otros para que las voces de las chicas fueran más lejos aún. Una vez lo hicimos en la casa de un amigo que vive en la quebrada Márquez, y le avisó a sus vecinos por el chat de WhatsApp, porque pusimos un parlante gigante arriba de su techo, y quizá se podían espantar, y era justo a las 10 pm, al momento del toque de queda. Fue súper bonito ver una conexión con las personas del barrio, porque la gente salía a las ventanas, gente que pasaba por el mirador de arriba de la quebrada salía a mirar, se quedaban escuchando, los vecinos respondían por el chat. Y fue potente, porque hay personas a las que les va a llegar algo que quizá no hubieran escuchado de otra forma, y que las hace reflexionar sobre lo que estábamos tratando de mostrar.

Jasmina: Fue una oportunidad para no tener nuestros cuerpos en conexión con las voces de las chicas, porque cuando el altavoz está a tu lado la gente te puede ver, entonces hay una asociación. Para mí era ideal que no se diera esa asociación. Y con algunas pájaras que están haciendo sus tesis sobre el arte en prisión, descubrimos un hecho que puede verse como algo simple: la gente parece ser más sensible a la pregunta sobre la prisión cuando está en una situación de encierro. Este hecho fue clave para nosotras, porque pensamos en cómo usar esta situación de debilidad para realmente inspirar empatía. En las piezas que creamos, que se difundieron por radios, redes sociales y mensajes privados, las pájaras que hicieron de moderadoras decían: “Sigue estos pasos: abre tu ventana, sube el volumen y deja que las voces salgan”, responsabilizando a la gente de entender que es un momento único y que quizá también pueden hacer algo al respecto.

Myr: Con la cuarentena total nos volvieron a encerrar y tuvimos que repensar las acciones, lo que a mí me parece bello, porque tanto en este proyecto como en otros no nos detenemos, jamás un ‘no se puede’. Solo nos hace ir buscando nuevas formas de hacer, y eso pasó con las radios y con cada persona que se sumó: pequeños gestos y actos de rebeldía que le otorgan sentido a la vida. Las intervenciones desde las casas tuvieron un impacto muy potente y hermoso, personas que nos envían mensajes, que comparten y se suman a esta bandada, como nos gusta pensar desde Pájarxs. Nos vamos juntando y resonando entre miles de diversas mujeres y disidencias y personas, para crear y ser, luchando contra los muros, castigos e injusticias.

 

Las piezas sonoras de Líneas de Vuelo se encuentran en el soundcloud de Pájarx entre púas. Allí se pueden escuchar la acción radial del 8 de marzo en Valparaíso y la intervención final del proyecto.

_____________________________________________________________________________________

 

[1] ”Imputada por la desigualdad social”, “Imputada por ser mujer y migrante”, “Imputada por no terminar mis estudios”, “Imputada por no saber leer”, “Imputada por defenderme de mi agresor”, son algunos de los mensajes que llevaban en las pecheras las integrantes de Pájarx entre púas durante la performance frente a la Corte de Apelaciones de Valparaíso.

[2] Siluetas a la calle es un laboratorio de expresión corporal y diálogo sobre la propia biografía de un grupo de internas de la cárcel, que finaliza con la intervención en el espacio público con sus siluetas. La acción en la calle busca generar un puente comunicativo entre quienes han perdido su libertad y las personas que transitan, invitándoles a escribir mensajes para después devolver las siluetas a sus protagonistas.

[3] “Estar expresadas” es una idea que la escritora lesbofeminista chilena, Margarita Pisano, desarrolla en su obra. Puede encontrarse en el capítulo “El Recetario del buen amor”, en el libro Julia, quiero que seas feliz (2004).

Une conversation avec Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi et Myr Chávez

Par Isabella Galaz Ulloa
Photo © Jimena Royo-Letelier

“Vous êtes dans une performance qui voyage depuis la prison pour femmes de Valparaíso. Si vous souhaitez participer, nous vous invitons à suivre les étapes suivantes : 1) Ouvrez les fenêtres pour que d’autres personnes puissent les entendre ; 2) Montez le volume aussi fort que possible ; 3) Laissez les voix inonder l’espace et s’échapper par votre fenêtre.”

C’est ainsi que commence l’invitation que Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi et le collectif Pájarx entre púas lancent à toutes les personnes désireuses de transformer leur maison en amplificateur de la voix des femmes et des exclues incarcérées dans le complexe pénitentiaire féminin (CPF) de Valparaíso, au Chili. Les morceaux sonores qui font l’objet de cet appel ouvert font partie des résultats d’une résidence que Jimena Royo-Letelier (chilienne-espagnole qui vit à Paris) et Jasmina Al-Qaisi (roumaine vivant à Halle, en Allemagne) ont effectuée au mois de mars à B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro, dans le cadre du programme de résidence artistique Resonancias [Résonnances, NdT], organisé par le Goethe-Institut du Chili et l’Institut français du Chili.

Comment provoquer la rencontre entre la rue -extérieur- et les corps qui restent emprisonnés -intérieur- ? Le collectif Pájarx entre púas (OisX entre les barbelés, NdT) cherche depuis plusieurs années à raccourcir cette distance, en construisant des ponts à travers l’art. Elles sont actives dans la région de Valparaíso depuis 2016 et font partie du Réseau national des organisations travaillant dans les prisons et du Réseau féministe latino-américain anti-carcéral. “Notre première approche de la prison s’est faite par le corps, par les arts du spectacle, plus précisément par les méthodologies somatiques, par la danse, et petit à petit cela s’est élargi, nous avons voulu explorer différentes disciplines artistiques et expérimenter différentes formes d’expression avec nos partenaires du collectif”, explique Myr Chávez, membre des Pájares.

Le collectif en était là de ces explorations quand un pont s’est construit entre Myr et Jimena. « Lorsque j’ai connu Myr et le travail de Pájarx entre púas, j’ai dit “Oh, c’est impressionnant, je veux travailler avec elles”, pour créer ensemble quelque chose dans l’art sonore et le son en général”, explique Madame Jimena Royo-Letelier. “Tout d’abord, nous avons postulé au programme de résidence B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro et nous sommes restées sur liste d’attente, et juste après, le programme de résidences Resonancias est sorti. Puis Jasmina a rejoint le projet et nous avons tout redéfini.

Lignes de Fuite est le nom d’une œuvre où l’écoute est l’outil et l’action qui permet que tout le reste se produise. Quoi exactement ? En premier lieu, que les expériences des femmes et des exclues de la prison soient connues, que leur parole soit libérée dans différents espaces, rapprochant la réalité carcérale du domaine de l’extérieur. Et de là, une fois l’espace d’écoute instauré, peut-être pourrons-nous nous aventurer plus loin et commencer à nous interroger sur la captivité historique et moderne, sur l’enfermement comme punition et sur l’absence de certaines corporalités dans la vie quotidienne.

Isabella Galaz Ulloa : Le programme Resonancias cherche à ce que les artistes enquêtent et développent des processus artistiques axés sur des questions sociopolitiques locales, ce qui englobe de nombreux contextes et acteurs. Qu’est-ce qui vous a décidé à travailler avec des femmes et des exclues dans les prisons ?

Photo © Jimena Royo-Letelier

Jimena Royo-Letelier : À partir du son, vous pouvez aborder des sujets que – et je vais le dire depuis la France, car le contexte est très différent du Chili – les gens ne veulent pas écouter. Personnellement, ça m’intéresse de travailler avec les femmes et exclues de l’espace carcéral car c’est là que se croisent toutes les discriminations et les injustices, c’est une intersection d’inégalités. J’ai pensé qu’on pourrait faire un travail avec du son qui serait bénéfique pour les femmes en prison, qui les rendrait plus visibles et sensibiliserait les gens à une réalité que personne ne veut voir, car elle est très inconfortable.

Jasmina Al-Qaisi : J’aime utiliser les arts pour créer de nouvelles connexions entre les espaces. Je ne suis pas directement une militante, et je n’étais pas directement une artiste non plus, jusqu’à ce que je réalise que mon désir de transformer les choses que je n’aime pas dans le monde ne trouvait sa place que dans les arts. C’était le seul espace où j’avais cette possibilité de changement. Je pense que c’est la meilleure façon d’expliquer pourquoi on est si unies ou pourquoi tout cela a si bien fonctionné, car on a toutes les trois créé notre propre refuge de résistance au sein des arts, de différentes manières.

Isabella : Comment se passe cette rencontre entre vous en termes de positions politiques et artistiques pour développer Lignes de Fuite?

Jasmina : Je pense que c’est allé un peu plus loin que ça, à un autre niveau en plus d’avoir un langage commun. Lorsque j’ai rejoint le groupe, je leur ai parlé de ma nouvelle passion pour l’observation des oiseaux et de mon sentiment qu’il y avait tellement de coïncidences liées aux oiseaux et à mon intérêt pour eux que ç’en était effrayant, et les Pájarx (Oisx) ont réagi de manière très ouverte à cela. Un pont s’est créé qui nous a unies, parce que politiquement et artistiquement, on ne remettait pas les autres en question. Je pense qu’il était très clair qu’on avait des choses en commun (…) et à un certain moment, on s’est rendu compte qu’on était devenues des membres temporaires du groupe, on était aussi des « oiselles ».

Jimena : C’était une question de confiance, de construire petit à petit, dans la confiance et l’écoute mutuelle (…) Je l’ai mis en perspective avec d’autres résidences que j’avais faites, où j’avais passé un mois ou trois semaines dans un espace, réfléchissant de manière très abstraite, mais dans ce cas précis, on est arrivées directement pour participer au rassemblement du 8 Mai, et on devait le faire sur le moment, on n’allait pas rester là à discuter pendant 20 jours. Ce que je veux dire, c’est que ça a été une manière de créer beaucoup plus proche de la vie réelle et il y avait une fluidité incroyable dans le travail que nous avons fait.

Myr : Tout s’est déroulé de manière très fluide, une fluidité très naturelle, parce qu’il y avait une grande prédisposition à travailler, un véritable engagement, de la responsabilité et de la générosité. En tant que Pájarx entre púas, il nous tient à cœur de prendre soin de ce groupe féminin et des espaces respectifs. Aller en prison, ce n’est pas du tourisme social. On reçoit constamment de nombreuses propositions de différentes personnes qui veulent aller à la prison et, avec le temps, on a peu à peu appris et on a su prendre des décisions pour fixer certaines limites. On doit être prudents dans l’espace carcéral et on est très attentives au thème de l’extractivisme. On pense qu’il doit toujours y avoir une réciprocité, il ne s’agit pas seulement d’aller apprendre d’elles et de leurs histoires de vie, mais aussi de ce que l’on va donner (…) Il est important que ce lien demeure. Dans ce cas, en plus de l’expérience et de l’apprentissage de l’art sonore, et de toutes les voix enregistrées avec des témoignages très importants, se sont créés des liens, des alliances, mais aussi des plateformes pour continuer à enquêter, à partager et à se libérer. On aime penser et dire : plus libres ensemble.

Isabella : Le 8 mars (8M) c’est la première fois que vous avez porté la voix des femmes détenues dans la rue, comment décririez-vous l’action sonore que vous avez développée ce jour-là avec toutes les femmes et exclues qui se sont réunies à Valparaíso pour se manifester ?

Photo © Pajarx Entre Púas

Jimena : Il y a eu plusieurs actions sonores, beaucoup de choses sont sorties ce jour-là, dans le même temps, mais aussi l’une après l’autre. Ça a été très fort à plusieurs niveaux. À un moment donné, on était au milieu de Pedro Montt, c’était la première fois qu’on a envoyé le son des voix des filles, et tout le monde était comme… (en silence). D’une part, parce que c’est un contenu sonore que l’on n’entend pas communément dans une marche et aussi, plus tard, quand les gens ont réalisé ce qu’ils entendaient, ça les a impressionnés et pour moi c’était fort. C’était très grisant, comme l’est le 8M en soi : ce sont mes rues, on est dans notre droit en prenant possession de l’espace sonore, en sortant les voix des filles dehors.

Jasmina : C’est un moment qui a changé ma vie et je n’exagère pas, parce que c’était la première fois que je rejoignais une marche comme celle-ci (…) La moitié de l’action radio consistait à traduire la performance que Pájarx entre púas faisait devant la Cour d’appel en un son amical. On pouvait entendre les messages sur les banderoles qui disaient IMPUTÉE [1], les sons des filles privées de leur liberté (…), on a demandé aux femmes dans la rue quel message elles voulaient transmettre aux personnes qui ne pouvaient pas faire partie de la marche. Je pense que c’était un espace d’expérimentation (…) J’avais pris avec moi un petit haut-parleur avec les voix des filles et des oiseaux enregistrées ensemble, et parfois elles interféraient dans la transmission radio. C’était intéressant d’utiliser les voix des oiseaux, car, en général, dans les médias, on n’entend pas de voix d’animaux, surtout à la radio. C’était une sorte de métaphore : les voix des filles ne sont pas quelque chose que vous entendez non plus, parce qu’elles ne font pas partie de votre réalité, de l’imaginaire de la société.

Myr : C’était super intense… Je pense qu’il y a encore des répercussions, et il nous faut encore une dernière action pour que l’intervention soit complète, parce que notre travail consiste méthodologiquement à emmener les filles, d’une certaine manière, dans la rue, soit à travers leurs silhouettes [2], soit à travers leurs créations, pour que des choses se passent dans la rue et pour que des messages leur reviennent. C’est la seule chose qui nous manque, parce qu’on ne nous a pas encore laissé retourner. Mais ce qui s’est passé avec les voix des filles dans la rue, c’était super intense. Quand on participe aux marches, on dit toujours “on n’est pas toutes là, il manque les détenues”, mais c’était différent de crier “liberté d’expression, on ne veut plus de prison”, qui est le cri qu’elles-mêmes ont choisi et on s’est senties très fortes, parce que c’est comme faire quelque chose qu’on n’a pas le droit de faire. Elles ne peuvent pas défiler parce qu’elles sont enfermées, mais aussi parce qu’elles ont toujours été très exclues, et c’est bien de commencer à faire ces recroisements : ce n’est plus nous qui défilons pour elles, on défile avec elles.

Jasmina : Notre travail ne consistait pas seulement à faire entendre leurs voix dans les rues, mais aussi à enregistrer les performances. On a donc de nombreux enregistrements, des réactions des personnes qui ont entendu les voix des filles et leur ont répondu directement. Bientôt, Myr pourra entrer dans la prison avec les enregistrements et les leur faire écouter, car il est important de créer un véritable espace de communication, où il existe une réponse, un échange, et que quand les filles entendront cela, elles comprennent une chose fondamentale : les gens sont intéressés par ce qu’elles ont à raconter.

Isabella : Une partie importante du travail consistait en une méthodologie basée sur des ateliers, mais le 11 mars, Valparaíso est retourné à la phase 1 du confinement, à la quarantaine totale. Quels changements la situation sanitaire a-t-elle signifié pour votre recherche et votre processus créatif ?

Myr : Quand on a reçu l’autorisation d’entrer dans la prison, on a dû adapter rapidement le planning. C’était un peu l’intuition que c’était maintenant ou jamais. Ils nous ont laissé entrer une première fois et on a essayé de faire le plus important de tout ce qui était prévu, et le deuxième jour, la même chose, en cherchant toujours le plus fondamental de toute la proposition. Et ça a été super judicieux, parce que la prison en elle-même est toujours très incertaine, parce qu’il peut y avoir une intrusion, une coupure d’électricité, une évasion… Donc, on est toujours sur le qui-vive, et on a appris de ça. Alors quand on a eu l’opportunité d’y aller, c’était pour faire tout ce qu’on a pu.

Jimena : On a toujours su que ce serait super expérimental, dans le sens où on savait qu’en fonction de ce qui se passerait, on verrait quoi faire et comment repenser le travail. En ce sens, tout était considéré comme totalement ouvert aux changements. Le 8M, on savait que Valparaíso repassait en phase 1 du confinement et qu’on ne pourrait plus aller à la prison, ni sortir, ce qui signifiait qu’on ne pouvait rien faire dans la rue. Et avant que Valparaíso ne passe en quarantaine, on a fait la projection dans la rue, on a coupé l’avenue Cumming et enregistré de nouveaux messages pour les filles. On se débrouillait toujours, pour voir quel endroit était en phase 2 ou 3 (quarantaine plus légère, NdT), et c’est ainsi qu’on a atterri au parc naturel de Concón (petite ville de la côte centrale du Chili proche de Valparaiso, NdT), où on a fait une nouvelle expérience.

Isabella : Les déplacements au parc naturel et aux plages ont-ils fait partie des changements que vous avez dû faire ?

Jimena : Je voulais aller dans un espace naturel. Parmi toutes les possibilités que j’envisageais, il y avait celle de libérer la voix des filles dans les montagnes, dans les parcs.

Jasmina : Dès le début, c’était une façon intéressante de parler de ce qu’on pouvait faire dans des espaces autres que ceux qui sont normalement considérés comme publics, comme la radio ou des lieux où les gens sont juste de passage (…) On a vécu un moment complètement fou dans le parc naturel de Concón. On a écouté les filles et les oiseaux en même temps à l’intérieur du parc, c’était très intense et tellement plein d’amour, mais aussi tellement plein de… C’est impossible à décrire, mais on est passées par beaucoup d’émotions sans se parler. Je pense qu’on a intentionnellement créé une autre forme de communication, et une forme d’expérimentation qui n’attendait aucun résultat, qui n’avait aucun but, c’était comme un mouvement nécessaire.

Jimena : La première chose qui s’est produite, c’est qu’on s’est senties bizarres et qu’on s’est demandées pourquoi on faisait ça. Il y avait un contraste super fort entre les voix des filles en prison et ce lieu qui était comme l’essence de la liberté : la nature, les oiseaux… Cette dissociation entre le fait de voir quelque chose de très beau ou de très agréable et, en même temps, d’entendre les voix de ces femmes en totale contradiction avec l’endroit où vous vous trouvez. Et j’en suis ressortie avec cette question : comment le fait d’être dans un lieu particulier affecte la perception de ce que l’on entend.

Myr : Quand on est allées dans la zone humide, j’ai ressenti une grande liberté, après tant de confinement ici. Quand on a mis les voix des filles avec ce contraste, c’était censé les libérer, mais à la fin je me suis sentie plus emprisonnée que jamais, ce qui m’a rendue très triste, je me suis sentie super maladroite, à un moment je me suis même sentie stupide. Mais alors qu’on marchait, j’ai commencé à les imaginer là-bas, sortant de prison. J’imagine toujours qu’un jour on ira chercher les filles avec qui on est amies et qu’on les emmènera dans différents endroits. J’ai imaginé les emmener là-bas, faire une pause, parce que la prison, c’est beaucoup de bruit, toute cette merde te donne beaucoup de bruit mental, cette dictature de merde, c’est déjà trop. Et être là, c’était être au calme, c’était comme un murmure, comme si quelqu’un nous disait quelque chose à l’oreille.

Isabella : Avec Lignes de Fuite, vous permettez que les détenues puissent « être exprimées » [3], c’est-à-dire qu’elles utilisent leur propre voix pour raconter leurs expériences dans l’espace public, en brisant les silences historiques. Quelles réflexions avez-vous sur les possibilités de l’art sonore dans les processus thérapeutiques de récupération et de réaffirmation de l’identité et de la voix propre ?

Jasmina : Je ne crois pas nécessairement à ce sens thérapeutique. Chacun a une voix qui existe déjà, et une action comme celle-ci ne peut que l’amplifier pour que d’autres personnes puissent l’entendre. Je pense que l’art sonore est juste une excuse pour avoir une autre perspective sur les choses. Par exemple, on a décidé de demander aux filles de se décrire avec des adjectifs liés à la nourriture, et c’était fantastique. Je pense que n’importe qui sort de ce genre d’expérience en riant aux éclats et avec beaucoup humour (…) Je ne sais pas si c’est thérapeutique, je ne le pense pas, je pense que tout le monde devrait avoir accès à l’humour et à ce genre de moments (…) On sait ce qu’on fait, mais on ne sait pas ce que ça va provoquer. Quand on entend les chants des femmes privées de liberté dans la ville, c’est une surprise, parce que c’est réel, mais je pense que personne ne peut savoir ce que cela provoque, pour l’une ou l’autre des parties.

Photo © Pamela Barria

Jimena : Pour moi, le son est un outil de bien-être très important. Je pense qu’il y a quelque chose de clairement politique dans le fait d’utiliser le son pour travailler avec des femmes dans des contextes où elles ne sont pas encouragées à apprécier leur propre subjectivité, leur expérience, à valoriser toute notre histoire. Et le son vous oblige, à partir de la voix, de l’écoute, à vous connecter à vous-même d’une manière à laquelle vous n’êtes pas toujours habitué. Apprendre à s’écouter et à valoriser les histoires de sa vie et la voix que l’on a (…) Je ne sais pas si c’est thérapeutique, mais je pense que cela peut être bénéfique.

Myr : L’art sonore est un autre outil pour ouvrir de nouvelles possibilités. Créer et s’exprimer contribue au développement de notre image de soi, de notre apprentissage. “On nous remarque, on nous voit”, disent les filles à propos de certains des projets où on les a enregistrées en train de danser. Et maintenant, leurs voix parcourent les rues et le monde, brisant l’exclusion et le manque d’amour. L’art sonore comme une résistance aimante qui fait irruption pour nous mettre mal à l’aise ou nous émouvoir.

Isabella : Pour l’intervention finale, vous avez décidé d’utiliser les maisons des gens comme caisse de résonance des histoires provenant de la prison, en amenant ces expériences dans l’espace domestique. Comment avez-vous lancé l’intervention et quelle connotation lui avez-vous donnée ?

Jimena : C’était une façon d’intégrer plus de gens dans ce travail, de faire sortir l’action de nous, de lui donner de la visibilité et de compter sur les autres pour que la voix des filles aille encore plus loin. Une fois, on l’a fait chez un ami qui vit dans la Quebrada Márquez (petite vallée encaissée, NdT), et il a prévenu ses voisins par chat WhatsApp, parce qu’on avait placé un haut-parleur géant sur son toit, ce qui aurait pu leur faire peur, et c’était justement à 22 heures, l’heure du couvre-feu. C’était super agréable de voir cette connexion avec les gens du quartier, parce qu’ils se sont mis aux fenêtres, les gens qui passaient par le mirador qui domine la petite vallée se penchaient pour regarder, ils sont restés à l’écoute, les voisins ont répondu par le chat. Et ça a été intense, parce que certains ont pu percevoir des choses qu’ils n’auraient peut-être pas entendues autrement, et cela les fait réfléchir à ce qu’on a tenté de montrer.

Jasmina : C’était une opportunité de ne pas connecter nos corps avec les voix des filles, parce que quand le haut-parleur est à côté de vous, les gens peuvent vous voir, donc il y a une association. Pour moi, c’était l’idéal de ne pas avoir cette association. Et avec certaines « oiselles » qui font leur thèse sur l’art dans les prisons, on a découvert quelque chose qui peut être paraître très simple : les gens semblent être plus sensibles au thème de la prison lorsqu’ils sont dans une situation d’enfermement. Ce fait a été déterminant pour nous, car on a réfléchi à la manière d’utiliser cette situation de faiblesse pour susciter réellement l’empathie. Dans les morceaux qu’on a créés et qui ont été diffusés à la radio, dans les médias sociaux et les messages privés, les « oiselles » qui ont joué le rôle de modératrices ont dit : “Suivez ces étapes : ouvrez votre fenêtre, augmentez le volume et laissez les voix sortir”, pour responsabiliser les gens afin qu’ils comprennent d’eux-mêmes qu’il s’agit d’un moment unique et qu’ils peuvent peut-être aussi faire quelque chose.

Myr : Avec la quarantaine totale, ils nous ont à nouveau enfermés et on a dû repenser nos actions, personnellement je trouve ça beau, car dans ce projet comme dans d’autres, on ne s’arrête pas, jamais un “on ne peut pas”. Ça ne fait que nous pousser à chercher de nouvelles façons de faire, et c’est ce qui s’est passé avec les radios et avec chaque personne qui s’y est jointe : de petits gestes et des actes de rébellion qui donnent un sens à la vie. Les interventions dans les maisons ont eu un impact très fort et très beau, des personnes qui nous envoient des messages, qui partagent et qui rejoignent cette volée, comme on aime à le penser depuis Pájarx. On se rassemble et on résonne parmi des milliers de femmes, exclues et de personnes diverses, pour créer et être, luttant contre les murs, les punitions et les injustices.

 

Vous pouvez trouver les morceaux sonores de Lignes de Fuite sur le soundcloud de Pájarx entre púas. Vous pourrez y écouter l’action radio du 8 mars à Valparaíso et la performance finale du projet.

______________________________________________________________________________________

1] ” Accusée de l’inégalité sociale “, ” Accusée d’être femme et migrante “, ” Accusée de ne pas avoir terminé mes études “, ” Accusée de ne pas savoir lire “, ” Accusée de m’être défendue contre mon agresseur “, sont quelques-uns des messages que les membres de Pájarx entre púas portaient sur leurs banderoles lors de la performance devant la Cour d’appel de Valparaíso.

2] Siluetas a la calle est un laboratoire d’expression corporelle et de dialogue sur la propre biographie d’un groupe de détenues, qui se termine par l’intervention de l’espace public par leurs silhouettes. L’action de rue cherche à générer un pont communicatif entre ceux qui ont perdu leur liberté et les gens qui passent, en les invitant à écrire des messages et à rendre ensuite les silhouettes à leurs protagonistes.

3] “être exprimées” est une idée que l’écrivaine lesboféministe chilienne Margarita Pisano développe dans son œuvre. On peut le trouver dans le chapitre “El Recetario del buen amor” (Recettes du bon amour), dans le livre Julia, quiero que seas feliz (Julia, je veux que tu sois heureuse) (2004).