LÍNEAS DE VUELO: VOCES PRISIONERAS A LA CALLE – Instituto Francés de Chile

LÍNEAS DE VUELO: VOCES PRISIONERAS A LA CALLE

Por Safia, 14 de mayo de 2021
LÍNEAS DE VUELO: VOCES PRISIONERAS A LA CALLE
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Una conversación con Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi y Myr Chávez

Por Isabella Galaz Ulloa
Foto © Jimena Royo-Letelier

“Estás dentro de una intervención, la cual viaja desde la cárcel de mujeres de Valparaíso. Si quieres participar, te invitamos a seguir los siguientes pasos: 1) Abre las ventanas para que otras personas puedan escucharlas; 2) Sube el volumen tan fuerte como puedas; 3) Deja que las voces inunden el espacio y se liberen a través de tu ventana.”

Así comienza la invitación que Jimena Royo-Letelier, Jasmina Al-Qaisi y la colectiva Pájarx entre púas hacen a todas las personas dispuestas a convertir sus casas en amplificadores de las voces de mujeres y disidencias encarceladas en el Complejo Penitenciario Femenino (CPF) de Valparaíso, Chile. Las piezas sonoras que contienen este llamado abierto son parte de los resultados de una residencia que Royo-Letelier (chilena-española, vive en París) y Al-Qaisi (rumana, vive en Halle, Alemania) realizaron durante marzo en B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro, bajo el alero del programa de residencias artísticas Resonancias, organizado por el Goethe-Institut Chile y el Instituto Francés de Chile.

¿Cómo propiciar el encuentro entre la calle -afuera- y los cuerpos que permanecen prisioneros -adentro-? La organización Pájarx entre púas lleva varios años en la búsqueda de acortar esta distancia, construyendo puentes a través del arte. Activan en la región de Valparaíso desde el 2016 y son parte de la Red Nacional de organizaciones que trabajan en cárceles y de la Red Feminista Anticarcelaria de América Latina. “Nuestro primer acercamiento a la cárcel fue a través del cuerpo, de las artes escénicas, específicamente, metodologías somáticas, desde la danza, y de a poco eso se ha ido ampliando, queriendo indagar en las distintas disciplinas del arte y experimentar con las compañeras diversas formas de expresión”, cuenta Myr Chávez, integrante de les Pájares.

En esas exploraciones estaba la colectiva cuando un puente se extiende entre Myr y Jimena. “Al conocer a Myr y el trabajo de Pájarx entre púas dije ‘oh, qué potente, yo quiero trabajar con ellas’, para que hiciéramos algo con arte sonoro y con el sonido en general”, expresa Royo-Letelier. “Primero, postulamos al programa de residencias de B.A.S.E./Tsonami Arte Sonoro y quedó en lista de espera, y justo después salió Resonancias. Ahí Jasmina se incorporó al proyecto y redefinimos todo.”

Líneas de Vuelo es el nombre de un trabajo donde la escucha es la herramienta y la acción que permite que todo lo otro suceda. ¿Qué cosas? En un comienzo, que las experiencias de mujeres y disidencias en prisión se conozcan, con su palabra liberada en distintos espacios, acercando la realidad carcelaria al territorio del afuera. Ya después y una vez dispuesta la escucha, quizá podamos aventurarnos y empezar a preguntarnos por los cautiverios históricos y modernos, el encierro como castigo y la ausencia de ciertas corporalidades en el cotidiano.

Isabella Galaz Ulloa: El programa Resonancias busca que les artistas realicen procesos investigativos y artísticos centrados en problemáticas socio-políticas locales, lo que abarca muchos contextos y actores ¿Qué es lo que las lleva a decidir trabajar con mujeres y disidencias en situación carcelaria?

Foto © Jimena Royo-Letelier

Jimena Royo-Letelier: Desde el sonido se pueden tratar temas que -y lo voy a decir desde Francia, porque el contexto es súper distinto a Chile- la gente no quiere escuchar. Personalmente, me interesa trabajar con mujeres y disidencias en el espacio carcelario porque allí se da un cruce de todas las discriminaciones e injusticias, una intersección de desigualdades. Pensé que podíamos hacer un trabajo con el sonido que fuera benéfico para las mujeres en la cárcel y que visibilizara y sensibilizara a las personas sobre una realidad que nadie quiere ver, porque resulta muy incómodo.

Jasmina Al-Qaisi: Me interesa usar las artes para crear nuevas conexiones entre espacios. No soy directamente una activista, y tampoco era directamente una artista, hasta que me di cuenta que mi deseo de transformar cosas que no me gustan en el mundo solo encajaba en las artes. Era el único espacio donde tenía esa posibilidad de cambio. Creo que esa es la mejor forma de explicar por qué estamos tan conectadas o por qué funcionó tan bien, porque las tres creamos nuestro propio refugio de resistencia dentro de las artes, de diferentes maneras.

Isabella: ¿Cómo se da el encuentro entre ustedes en términos de posicionamientos políticos y artísticos para desarrollar Líneas de Vuelo?

Jasmina: Creo que fue un poco más allá de eso, hubo otro nivel aparte de tener un lenguaje común. Cuando entré al grupo, les conté sobre mi nueva pasión de observar aves y mi sensación de que eran tantas las coincidencias relacionadas con las aves y mi interés por ellas que daba mucho miedo, y las Pájarx reaccionaron muy abiertas a eso. Entonces, hubo un puente que nos unió, porque política y artísticamente no nos cuestionamos entre nosotras. Creo que fue muy claro que teníamos cosas en común (…) y en cierto punto nos dimos cuenta que nos volvimos integrantes temporales del grupo, fuimos pájaras también.

Jimena: Fue un asunto de confianza, ir construyendo de a poco, en la confianza y en la escucha de la otra (…) Lo pongo en perspectiva con otras residencias que he hecho, donde he pasado un mes o tres semanas en un espacio, pensando de una manera súper abstracta, pero en este caso llegamos directamente a hacer algo para la marcha, y había que hacerlo ahora, no nos íbamos a quedar conversando 20 días. A lo que quiero ir es que fue una manera de crear que está mucho más cercana a la vida real y hubo una fluidez súper grande en el trabajo que hicimos.

Myr: Todo se dio de forma muy fácil, una fluidez muy natural, porque había mucha disposición para el trabajo, gran compromiso, responsabilidad y mucha generosidad. Como Pájarx entre púas nos preocupa muchísimo el cuidado de la grupa y de los espacios. Ir a la cárcel no es turismo social. Siempre nos llegan muchas propuestas de gente diversa que quiere ir a la cárcel y con el tiempo hemos ido aprendiendo y tomando decisiones para marcar ciertos límites. Hay que tener ese cuidado en el espacio carcelario y nos cuidamos harto del tema del extractivismo. Pensamos que siempre tiene que haber reciprocidad, no se trata solo de ir y aprender de ellas y sus historias de vida, sino que también qué es lo que una va a entregar (…) Es importante que quede esta vinculación. En este caso, además de la experiencia y aprendizaje sobre arte sonoro, y todas las voces grabadas con unos testimonios súper importantes, quedaron vínculos, alianzas y también plataformas para seguir investigando, compartiendo y liberarnos. Nos gusta pensar y decir: juntas más libres.

Isabella: El 8M es la primera vez que llevan las voces de las presas a la calle. ¿Cómo describirían la acción sonora que desarrollaron ese día junto a todas las mujeres y disidencias que se juntaron en Valparaíso para manifestarse?

Foto © Pajarx Entre Púas

Jimena: Fueron varias acciones sonoras, salieron un montón de cosas ese día, al mismo tiempo y una después de la otra. Fue fuerte en muchos sentidos. En un momento íbamos por el medio de Pedro Montt y esa fue la primera vez que pusimos las voces de las chiquillas, y todo el mundo se quedó así como… (en silencio). Por un lado, porque era un contenido sonoro que una no escucha en una marcha y, después, cuando la gente se dio cuenta de lo que estaba escuchando, se sobrecogió un poco y para mí fue fuerte. Fue súper reivindicativo, como es el 8M: estas son mis calles, estamos en nuestro derecho de ocupar el espacio sonoro, de poner las voces de las chiquillas afuera.

Jasmina: Fue un momento que cambió mi vida y no estoy exagerando, porque fue la primera vez que me uní a una marcha así (…) La mitad de la acción radial consistió en traducir de forma sonora amigable la acción que Pájarx entre púas estaba haciendo frente a la Corte de Apelaciones. Podías escuchar los mensajes que cargaban en las pecheras que decían IMPUTADA [1], los sonidos de las chicas privadas de libertad (…), les preguntamos a las mujeres en la calle cuál era el mensaje que les querían transmitir a las personas que no podían estar en la marcha. Creo que fue un espacio de experimentación (…) Llevaba conmigo un pequeño parlante con las voces de las chicas y de las aves juntas, y a veces interfería la transmisión radial con ellas. Fue interesante usar las voces de las aves, porque, generalmente, en los medios no escuchamos las voces de los animales, especialmente en radio. Fue una especie de metáfora: las voces de las chicas tampoco son algo que escuches, porque no son parte de tu realidad, del imaginario de la sociedad.

Myr: Fue súper intenso… creo que todavía hay repercusiones, además que nos falta una última acción para que esté completa la intervención, porque nuestro trabajo metodológicamente consiste en sacar a las compañeras, de alguna forma, a la calle, ya sea a través de sus siluetas [2] o sus creaciones, que en la calle pasen cosas y llevarles de vuelta los mensajes. Eso es lo que nos falta, porque no nos han dejado entrar. Pero lo que pasó con las voces de las compas en la calle lo sentimos súper potente. Cuando estamos en las marchas siempre decimos ‘no estamos todas, faltan las presas’, pero fue distinto gritar ‘libre expresión, no queremos más prisión’, que fue el grito que ellas hicieron, y nos sentimos con mucha fuerza, porque es como hacer algo que no se puede hacer. Ellas no pueden marchar porque están encerradas, pero también porque han estado siempre muy excluidas, y es bonito empezar a hacer estos cruces: ya no somos nosotras marchando por ellas, sino que con ellas.

Jasmina: Nuestro trabajo no fue solo poner sus voces en las calles, sino que también grabar las acciones, por lo que tenemos muchos registros de reacciones de gente que escuchó las voces de las chicas y les respondió directamente. En el futuro, Myr podrá entrar con las grabaciones y mostrárselas, porque es importante crear una situación comunicativa real, donde haya respuesta, intercambio, y que cuando las chicas escuchen eso entiendan una cosa fundamental: la gente está interesada en lo que ellas tienen para contar.

Isabella: Parte importante del trabajo consistía en una metodología basada en talleres, sin embargo, el 11 de marzo, Valparaíso vuelve a fase 1, a cuarentena total. ¿Qué cambios supuso la situación sanitaria para su proceso investigativo y creativo?

Myr: Cuando nos dieron los permisos para entrar a la cárcel, tuvimos que adaptar rápidamente la planificación. Fue un poco la intuición de que era aquí y ahora. Nos dejaron entrar la primera vez y tratamos de hacer lo más importante de todo lo planeado, y al segundo día, lo mismo, siempre buscando lo más fundamental de toda la propuesta. Y fue súper acertado, porque la cárcel en sí siempre es muy incierta, porque puede haber un allanamiento, se cortó la luz, hubo una fuga… Entonces, una siempre va dispuesta a que pase cualquier cosa, y hemos ido aprendiendo de eso. Así que cuando tuvimos la oportunidad de entrar fue para hacer todo lo que pudimos.

Jimena: Siempre supimos que iba a ser súper experimental, en el sentido de que sabíamos que en función de lo que pasara veríamos qué hacer y cómo repensar el trabajo. En ese sentido, todo fue pensado completamente abierto a cambios. El 8M supimos que Valparaíso pasaba a fase 1 y que no íbamos a poder ir más a la cárcel, ni tampoco salir, lo cual implicaba que no podíamos hacer nada en la calle. Y antes de que Valparaíso se fuera a cuarentena hicimos la proyección en la calle, cortamos subida Cumming y grabamos nuevos mensajes para las chiquillas. Siempre arreglándoselas, ver qué lugar está en fase 2 o 3, y así  fuimos al parque natural en Concón e hicimos otra experimentación.

Isabella: ¿Las visitas al parque natural y a las playas fueron parte de los cambios que tuvieron que hacer?

Jimena: Yo quería ir a un espacio natural. Entre todas las cosas que pensaba como posibilidad, estaba liberar las voces de las chicas en la montaña, en parques.

Jasmina: Desde el principio fue una manera interesante de hablar sobre lo que podíamos hacer en otros espacios distintos a los que normalmente son considerados públicos, como la radio o lugares donde las personas están solo de visita (…) Vivimos un momento muy loco en el parque natural en Concón. Escuchamos a las chicas y a las aves al mismo tiempo dentro del parque, fue muy intenso y tan lleno de amor, pero también tan lleno de… Es imposible describirlo, pero atravesamos muchas emociones sin hablar entre nosotras. Creo que intencionalmente creamos otra forma de comunicación, y una forma de experimentación que no tenía ningún resultado, ningún propósito, fue como un movimiento necesario.

Jimena: Lo primero que pasó fue que nos sentimos raras y fue como ¿por qué estamos haciendo esto? Había un contraste súper fuerte al escuchar las voces de las chiquillas en la cárcel en un lugar que era como la esencia de la libertad: naturaleza, pájaros… Esta disociación de ver algo muy bonito o agradable y, al mismo tiempo, escuchar las voces de estas mujeres que están en completa contradicción al lugar donde estás. Y yo me fui con esa pregunta: cómo el hecho de estar en un lugar particular afecta la percepción de lo que escuchas.

Myr: Cuando fuimos al humedal sentí mucha libertad, después de tanto encierro acá. Cuando pusimos las voces de las cabras con ese contraste, se supone que era para liberarlas, pero al final las sentí más prisioneras que nunca, cosa que me dio muchísima tristeza, me sentí súper torpe, en un momento me sentí estúpida. Pero a medida que fuimos caminando, las empecé a imaginar a ellas ahí, saliendo de la cana. Siempre imagino que un día vamos a ir a buscar a las cabras que son más nuestras amigas y que las vamos a llevar a distintos lugares. Imaginé llevándolas para allá, darse una pausa, porque la cárcel es caleta de ruido, toda esta mierda te da caleta de ruido mental, esta dictadura de mierda, que ya es demasiado. Y estar ahí fue estar en calma, fue como un susurro, como que alguien nos dijera algo al oído.

Isabella: Con Líneas de Vuelo facilitan que las presas puedan “estar expresadas” [3], es decir, que utilicen sus propias voces para contar sus experiencias en el espacio público, rompiendo con silencios históricos. ¿Qué reflexiones hacen sobre las posibilidades del arte sonoro en procesos terapéuticos de recuperación y reafirmación de la identidad y la voz propia?

Jasmina: No creo necesariamente en este sentido terapéutico. Todos tienen una voz que ya existe, y una acción como esta solo puede amplificarla para que otras personas la escuchen. Creo que el arte sonoro es solo una excusa para tener otra perspectiva de las cosas. Un ejemplo fue que decidimos proponerles a las chicas que se describieran con adjetivos relacionados a la comida, y eso fue fantástico. Creo que cualquiera sale de ese tipo de experiencia con mucha risa y humor (…) No sé si eso es terapéutico, no lo creo, creo que todos deberían tener acceso al humor y a ese tipo de momentos (…) Sabemos lo que estamos haciendo, pero no sabemos lo que eso provoca. Cuando escuchas los cantos de las mujeres privadas de libertad en la ciudad es algo sorpresivo, porque es real, pero creo que nadie puede saber lo que eso provoca, para cualquiera de las partes.

Foto © Pamela Barria

Jimena: Para mí el sonido es una herramienta de bienestar muy importante. Creo que hay algo claramente político en el hecho  de utilizar el sonido trabajando con mujeres en contextos donde no se les motiva a apreciar su propia subjetividad, su experiencia, a valorar toda nuestra historia. Y el sonido te obliga, desde la voz, desde la escucha, a conectarte contigo misma de una manera que una no siempre está acostumbrada. Aprender a escucharse a sí misma y a valorar los relatos de vida y la voz que una tiene (…) No sé si es terapéutico, pero yo creo que puede tener algo de benéfico.

Myr: El arte sonoro es una herramienta más para abrir nuevas posibilidades. Crear y expresarnos contribuye al desarrollo de nuestra autoimagen, de nuestro aprendizaje. “Nos hacen notar, que nos veamos”, dicen las compañeras por algunos proyectos donde las grabamos bailando. Y ahora sus voces viajan por las calles y el mundo, rompiendo la exclusión y la falta de amor. El arte sonoro como resistencia amorosa que irrumpe para incomodar o conmover.

Isabella: Para la intervención final decidieron utilizar las casas de las personas como cajas de resonancia de los relatos provenientes de la cárcel, llevando estas experiencias al espacio de lo doméstico. ¿Cómo pusieron en marcha la intervención y qué connotación le dieron?

Jimena: Fue una forma de integrar más personas al trabajo, que la acción saliera de nosotras, darle visibilidad y apoyarse en otros para que las voces de las chicas fueran más lejos aún. Una vez lo hicimos en la casa de un amigo que vive en la quebrada Márquez, y le avisó a sus vecinos por el chat de WhatsApp, porque pusimos un parlante gigante arriba de su techo, y quizá se podían espantar, y era justo a las 10 pm, al momento del toque de queda. Fue súper bonito ver una conexión con las personas del barrio, porque la gente salía a las ventanas, gente que pasaba por el mirador de arriba de la quebrada salía a mirar, se quedaban escuchando, los vecinos respondían por el chat. Y fue potente, porque hay personas a las que les va a llegar algo que quizá no hubieran escuchado de otra forma, y que las hace reflexionar sobre lo que estábamos tratando de mostrar.

Jasmina: Fue una oportunidad para no tener nuestros cuerpos en conexión con las voces de las chicas, porque cuando el altavoz está a tu lado la gente te puede ver, entonces hay una asociación. Para mí era ideal que no se diera esa asociación. Y con algunas pájaras que están haciendo sus tesis sobre el arte en prisión, descubrimos un hecho que puede verse como algo simple: la gente parece ser más sensible a la pregunta sobre la prisión cuando está en una situación de encierro. Este hecho fue clave para nosotras, porque pensamos en cómo usar esta situación de debilidad para realmente inspirar empatía. En las piezas que creamos, que se difundieron por radios, redes sociales y mensajes privados, las pájaras que hicieron de moderadoras decían: “Sigue estos pasos: abre tu ventana, sube el volumen y deja que las voces salgan”, responsabilizando a la gente de entender que es un momento único y que quizá también pueden hacer algo al respecto.

Myr: Con la cuarentena total nos volvieron a encerrar y tuvimos que repensar las acciones, lo que a mí me parece bello, porque tanto en este proyecto como en otros no nos detenemos, jamás un ‘no se puede’. Solo nos hace ir buscando nuevas formas de hacer, y eso pasó con las radios y con cada persona que se sumó: pequeños gestos y actos de rebeldía que le otorgan sentido a la vida. Las intervenciones desde las casas tuvieron un impacto muy potente y hermoso, personas que nos envían mensajes, que comparten y se suman a esta bandada, como nos gusta pensar desde Pájarxs. Nos vamos juntando y resonando entre miles de diversas mujeres y disidencias y personas, para crear y ser, luchando contra los muros, castigos e injusticias.

 

Las piezas sonoras de Líneas de Vuelo se encuentran en el soundcloud de Pájarx entre púas. Allí se pueden escuchar la acción radial del 8 de marzo en Valparaíso y la intervención final del proyecto.

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[1] ”Imputada por la desigualdad social”, “Imputada por ser mujer y migrante”, “Imputada por no terminar mis estudios”, “Imputada por no saber leer”, “Imputada por defenderme de mi agresor”, son algunos de los mensajes que llevaban en las pecheras las integrantes de Pájarx entre púas durante la performance frente a la Corte de Apelaciones de Valparaíso.

[2] Siluetas a la calle es un laboratorio de expresión corporal y diálogo sobre la propia biografía de un grupo de internas de la cárcel, que finaliza con la intervención en el espacio público con sus siluetas. La acción en la calle busca generar un puente comunicativo entre quienes han perdido su libertad y las personas que transitan, invitándoles a escribir mensajes para después devolver las siluetas a sus protagonistas.

[3] “Estar expresadas” es una idea que la escritora lesbofeminista chilena, Margarita Pisano, desarrolla en su obra. Puede encontrarse en el capítulo “El Recetario del buen amor”, en el libro Julia, quiero que seas feliz (2004).